Ahhh, es esa hermosa época del año de nuevo. Es la época en la que los amores de verano se hunden irremediablemente por su propia efimeridad, la época en la que los niños corren alegremente bajo los rayos dorados de un sol de verano menguante y el de un otoño que apenas se alcanza a atisbar. También es la época en la que Apple lanza el nuevo iPhone y, como todos sabemos, iPhone mata niños felices, amores de verano y helado de chocolate. Bueno, tal vez eso último no.

En las últimas semanas los últimos meses nos hemos visto inundados por un sinfín de rumores, mockups, videos y hasta gente que cree que ya compró el iPhone 5 como hay arena en el mar. Al igual que en cada iteración de un producto nuevo de Apple, la gente se vuelve loca, alucina cosas (o simplemente son timados feamente) y hasta consideran vender un riñón romper el cochinito con tal de tener el más nuevo, poderoso y potente celular, sin importar si realmente vale la pena hacer el upgrade o no.

En lo personal llevo un rato ya, más o menos desde el lanzamiento del Samsung Nexus S (mi teléfono actual) o por ahí desde el del iPhone 4, haciéndome el grinch cada vez que se anuncia un nuevo celular. Claro, me emociono, grito y pataleo como quinceañera belieber un ratito, pero después de un tiempo se me baja la emoción y me doy cuenta de que no necesito un celular más poderoso ahorita. Me pregunto si la belieber de la liga anterior reflexionará algún día sobre el oso que hizo en tele nacional. En fin.

Para mí, cada iteración nueva de dispositivos se ha vuelto el mismo acto predecible desde aquel famoso One more thing…” de Steve Jobs. Ahora ese “one more thing” se ve reducido a más memoria RAM, más pulgadas, más pixeles o mejor aún: dos, cuatro-cuántosquiere-queledoy-quieremás núcleos. Al cabo sabemos aprovecharlos al máximo, ¿no?

Toda esta guerra de especificaciones y la obsesión por los números pone en evidencia la falta de creatividad -o matando tiempo entre innovaciones tecnológicas- a la hora de proponer nuevas formas de hacer las cosas. Nuevos paradigmas. Traer verdaderas innovaciones a la mesa que cambien por completo la manera en la que utilizamos los dispositivos móviles para mejorar nuestras vidas (sí están aquí para eso, ¿verdad?). Vaya, innovaciones que me den ganas de tirar mi dinero por la ventana y no simplemente participar en la carrera de ver quién empaca cada vez más posibilidades en un dispositivo y al final, ¿todo para qué? ¿para que por fin podamos tuitear sin lags de milisegundos?

Claro, hay mucha innovación en el Retina Display, Siri se ve bastante prometedora (démosle unos añitos) y -la verdad- ¿a quién no gustó la maravilla tecnológica que representa el Samsung Galaxy S III? Pero si se dan cuenta, en el fondo todo sigue siendo más de lo mismo. Ya van más de cinco años desde que se lanzó el primer iPhone y aunque cada temporada se liberan terminales más impresionantes, sigo sin ver un verdadero game-changer que haga que me den ganas de aventarle mi dinero en la cara.

Entre las pocas iniciativas que considero auténtica innovación estos últimos meses ha destacado Ubuntu para Android, al cual ya me he cansado de esperar después de que me prometeria la luna y las estrellas. También está Project Glass, de Google, el cual definitivamente nos hará mucho más estúpidos permitirá relacionarnos con la gente y lo que verdaderamente nos importa de maneras actualmente inconcebibles, toda vez que cambien ese diseño tan “dorky”. Vaya que si se van a reír los del 2020 cuando vean el nacimiento de esta iniciativa.

It’s evolution, baby!

Así que, Tim Cook, no me quieras impresionar con números duros. Es más, ni siquiera menciones las especificaciones. ¿A quién le importan? Sólo a los fanboys, a los geeks y a los que centavean ciclos de procesador. Tú entras en esa batalla y sabré exactamente que te estás fijando en todas las cosas equivocadas. Tim Cook, no nos muestres una pantalla más grande y creas que con eso libras tu primer año como presidente ejecutivo de Apple. Ni se te ocurra presentar el iPad de 7 pulgadas (aunque esa aparentemente está agendada para octubre), porque ¡Jobs se revolcaría en su tumba! Mejor, veamos algunas de las cosas que podrían volver a ubicar a Apple varios años por encima de sus competidores como lo hizo en el 2007:

  • Una batería que dure y dure. El talón de Aquiles de todo hombre smartphone. Recuerdo mi sorpresa cuando compré el HTC G1 y descubrí que la batería no le duraba más de un día. Pasamos de dispositivos que podían sobrevivir días en modo de espera a equipos que duran desde unas cuantas horas solamente (no quieren saber cuánto sobrevive mi NS4G con ICS). Naturalmente, el uso que les damos hoy en día es mucho más intensivo, pero el conformismo a enchufarnos a la pared todas las noches nos ha estancado en ese sentido. ¿Qué me gustaría? Un dispositivo cuya batería dure varios días. Mínimo. Que lo pueda utilizar para trazar rutas en GPS todo el día sin temor a que se descargue por completo o que pudiera activar velocidades 4G (como si hubiera en México, ja) sin que el jugo me dure sólo tres horas. Tirando muy, muy alto, un dispositivo que se cargue con el sol, el movimiento, nuestro calor o alguna otra mafufada ambientalista de esas. Que se cargue con caca, ¡no me importa! Pero que no dependa del enchufe. Tirando no tan alto, me conformo con una batería que se cargue ultra rápidamente.
  • Bueno, si lo anterior no se puede, me declararé sumamente decepcionado si el nuevo iPhone no se puede cargar inalámbricamente. Si ahora Tim Cook nos sale con que en realidad la manzanita de las nuevas MacBook son radiactivas y si ponemos nuestro iPhone ahí se cargará mágicamente mientras los unicornios bailan y los niños ríen, entonces lo perdonaré y será mi nuevo man-crush en vez de Liam Neeson y me compraré primero una MacBook y después me iré a acampar en la fila del iPhone 5 (parece ser que no seré el primero). Sí, sí, ya sé que algunos Nokia ya vienen con esa tecnología (la carga inalámbrica, no los unicornios danzantes) y claro que hay alternativas para el smartphone común y corriente, pero nada funciona tan bien como una manzanita mágica.

    Genius. Millionaire. Playboy. Philanthropist.

  • El iPhone Nano. Jaja, nocierto.
  • Que Tim Cook, con todo su expertise de logísticas, encuentre la manera de mandar al diablo de una vez por todas a las telefónicas y cumpla el sueño original de Steve Jobs de hacerlas a un lado por completo, desplegando su propia red o brincando entre carriers, proveyendo un servicio confiable en todo momento. No sé, que nos frían las cabezas con ondas del más allá o algo así, pero que mi iPhone funcione en todo momento. Ya en serio, esto lo veo sumamente complicado por muchas razones que ni siquiera voy a enumerar, pero sería un brinco gigantesco hacia el futuro, aquel lugar esponjoso y reconfortante. Mientras tanto, un buen comienzo sería vender los iPhone desbloqueados como Google y Nokia han hecho en algún momento. A ellos nunca les funcionó realmente, pero nada que un ahí-te-va-tu-medicina de Apple no logre solucionar.
  • Un teclado virtual. Jajaja, me gustaría verlos intentarlo.
  • Que cierre la brecha entre iOS y OS X. Ya lo intuimos todos con OS X Snow Mountain Lion mil ocho mil (y se quejan del nombre Motorola Droid Razr Max HD. Congruencia, señores, ¡congruencia!), donde toma varios elementos de iOS y los incorpora al sistema (o algo así, ¿no?). Definitivamente va en la dirección adecuada: convergencia, pero todavía no llegamos a ese punto. Un intento -un buen intento, un intento exitoso- por parte de Apple para que el iPhone se ponga en su lugar como una computadora ampliamente capaz -y que lo es, en definitiva-, podría dar justo en el clavo que Motorola quiso dar con su Atrix (ellos no lo lograron, claro está). Aunque también podría convertirse pronto en auto-canibalismo o provocar que Apple cayera fácilmente en el gadgetismo si nos empiezan a vender carcasas con teclados o aberraciones similares.

Pero como dudo que lo que veamos el día de mañana nos traiga algunas de las cosas de mi listita para Santa Jobs, me daré por bien servido con lo que nos presenta este video, el cual nos muestra los avances #DeSiempre trayendo más de lo mismo. Salvo por la parte del reconocimiento dactilar, eso se ve interesante pero su practicidad en la vida diaria estaría por demostrarse:

Así que, aunque dudo que este año Apple -o cualquier otro fabricante, para el caso- traiga fuerte innovación que realmente cambie nuestra manera de utilizar los móviles o que me permita verlos y decir *ya estoy el futuro, en cualquier momento veré pasar a Marty McFly en su patineta voladora*, ahí estaré de todas formas el día de mañana emocionándome con lo que hay.

 

“One more thing…”